La desaparición masiva de los veintidós

En medio de una guerra que dicen que no es una guerra, ocurrida en un Estado que sólo amerita llamarse así por ser algo en permanente estado de descomposición, fue desaparecido un camión de personas de las que no habíamos tenido noticias nunca, y que conocemos hasta ahora que ya no están.

Veintidós hombres querían cumplir el sueño Americano, pero les llegó antes la pesadilla mexicana. Fueron secuestrados en 2011 y hasta ahora no tenemos certeza de en dónde, por quiénes ni por qué los desaparecieron. Ignoramos si están vivos o no. Sólo sabemos que no sabemos qué les pasó.

Sus familiares los han buscado en las carreteras, lotes baldíos, los hospitales y cárceles. En el cielo y en la tierra. Algunos creen que narcotraficantes los tienen trabajando contra su voluntad; otros, que los mataron a todos. Un grupo los busca en vida; otros ya mejor escarban en fosas para saber en dónde poner la cruz. Sin embargo, cada esposa, cada madre y cada hermana esperan, en lo profundo del corazón, que un día los muchachos atraviesen la puerta y digan: “ya volví, mujer, caliéntame unas tortillas, que traigo un hambre que pa’ que te cuento”.

Las autoridades han sido fieles a su reputación de inútiles, y como si temieran contradecir su historia, trabajan en hacer parecer que trabajan. Los familiares lo saben, y entienden que la justicia es ciega, pero no tonta; que aunque no hay certezas, algo les ocultan, porque desaparecen a sus desaparecidos hasta de las listas de desaparecidos. Los policías les dicen “que a lo mejor los hombres ya hicieron vida con otra familia en Estados Unidos, que ellas se dediquen a sus hijos, que seguro les llaman un día de estos”. Si, cabrón, seguro todos se tardaron seis años en llamar, porque apostaron a ver quién aguantaba más, porque les gusta preocupar a sus hijos, a sus hermanas, a sus madres.

El Ministerio Público, harto de verlas siempre en su oficina jodiendo con lo mismo, les sugiere que sean realistas: “ya los mataron, mejor déjenlos de buscar, ya no hay caso”. Bueno, pero entonces díganos dónde están, qué les pasó, a quiénes hay que refundir en la cárcel para que por lo menos no vuelva a ocurrir y nuestros hombres estén en paz, que los lleven a descansar a su tierra, cerca de lo que les gustaba, de quienes ellos más querían, y les hagan justicia.

La desaparición es un limbo para las familias, que viven un dolor sin duelo, que es como desivivirse en un cuarto con los relojes detenidos a la hora en que partieron sus seres amados. Si te desaparecen un hijo, un hermano, a tu padre, no puedes sólo seguir, pero tampoco volver atrás. Hay un corte de tajo en el árbol familiar; un hueco que se lo come todo desde adentro, que dice “aquí estaré siempre”, como un gusanito dormido dentro del fruto más maduro de tu familia. Es una historia pendiente, que necesita continuarse, de algún modo, para poder contarse, para significarse, para curarse.

Cada tanto, en decenas de fosas se encuentran cientos de cuerpos sin nombre, pero de esos veintidós nombres nomás no se pueden encontrar los cuerpos, ya vivos, ya heridos, ya muertos.

R0A8456-Edit.jpg

Las preguntas sin respuesta se multiplican, y atrapadas en un umbral que no se acaba, madres, esposas e hijas se sienten como en un pozo sin piso. Su testimonio, sin embargo, logra acercarnos un centímetro a los mundos que fueron descarrilados hace seis años en un grupo de rancherías de San Luis de la Paz, que es como decir en ningún lugar y en todos los rincones de este mundo.

LA HISTORIA

El 21 de marzo de 2011, el grupo de veintidós migrantes se reunió en San Luis de la Paz, Guanajuato, para viajar al norte del país y cruzar la frontera. Sus integrantes procedían de ocho diferentes comunidades de los alrededores a la cabecera municipal: La Ciénaga, Los Dolores, La Escondidita, La luz de la Esquina, El Maguey Blanco, Los Pirules, San Rafael y Los Toreadores.

desapariciones5-1.jpg

El grupo había sido congregado por Juan Castillo Salazar, quien se dedicaba a reunir personas que quisieran trabajar en Estados Unidos, una práctica bastante común en la región. Cuando tuvo suficientes prospectos, Castillo Salazar contactó a José García Morales para que los acompañara a Camargo, donde serían recogidos por José Guadalupe Almaguer, quien a su vez los trasladaría a Houston, Texas.

El día pactado, al filo de las cinco de la tarde, diecisiete migrantes abordaron un camión para llegar a Nuevo León. Cinco de ellos no alcanzaron lugar en el autobús -José Luis Duarte Cruz, Juan Manuel Duarte Cruz, Juan Manuel Rojas Pérez, Miguel Jaramillo Palacios y José García Morales-, y decidieron desplazarse en una camioneta para encontrarse con el resto del grupo en Monterrey. Ese vehículo particular se puso en marcha a las nueve de la noche del mismo día, y salvo por un par de llamadas, nadie volvió a saber de ellos.

LAS LLAMADAS

Un día después de la partida del grupo, Karla¹, esposa de José Guadalupe Almaguer -el “pollero” vería al grupo en Camargo para llevarlos a Texas- escuchó que sonaba su celular y contestó. Era su esposo, quien dijo que había sido secuestrado cerca de Monterrey y le notificó que sus captores exigían un rescate de setecientos cincuenta mil pesos para liberarlos a él y a José García Morales, sin hacer ninguna mención del resto de los migrantes.

Al principio Karla no supo que hacer. No tenía una cantidad semejante a disposición. Resolvió comunicarse con Luisa¹, esposa de García Morales, para informarle de lo ocurrido. Al poco tiempo, su teléfono volvió a repicar. Una voz le preguntó cuanto dinero tenía a disposición: “ochocientos pesos” fue su respuesta. Ella pidió tiempo para reunir una cantidad mayor, pero le colgaron de inmediato. Ya con Luisa, esperaron a que Almaguer volviera a llamar, pero fue en vano. Aunque el teléfono de su esposo sonaba, Karla no volvió a escuchar su voz.

A pocos días de la partida del grupo, en las rancherías se propagó el rumor de que todos habían sido secuestrados. En respuesta, sus familiares organizaron reuniones para levantar formalmente una denuncia y exigir a las autoridades una investigación expedita que arrojara luz sobre el paradero de los migrantes. Un dato crucial es que en las primeras reuniones también asistieron los familiares de Raúl Trejo, un joven de San Luis de la Paz que desapareció en la misma fecha y en la misma zona que los veintidós, aunque en una situación totalmente diferente: Trejo residía en Monterrey y había obtenido la visa de trabajo norteamericana, por lo que cruzaría con los papeles en regla a Estados Unidos. En acuerdo con la información disponible, abordó un camión foráneo para dirigirse a la frontera, pero tampoco llegó a su destino. Por no pertenecer al grupo de los veintidós, jurídicamente se dio seguimiento individual a su caso, dejando otra incógnita en el aire: ¿Qué ocurrió para que tantos migrantes hayan desaparecido en el mismo periodo en la misma zona?

LAS DENUNCIAS Y LA INDOLENCIA

Desde el primer momento las autoridades se mostraron renuentes a investigar la desaparición del grupo, si bien las denuncias se presentaron oportunamente en la Procuraduría General de Justicia de Guanajuato y en la Procuraduría General de la República. Es por eso que los familiares de los desaparecidos han tenido que sortear no sólo el dolor de la incertidumbre, sino además un laberinto de indagatorias² y la sistemática apatía de las autoridades.

Cuando los familiares requirieron el apoyo del ayuntamiento local, Javier Becerra, entonces presidente municipal de San Luis de la Paz, ignoró la petición de las familias. Posteriormente, éstas procuraron reunirse con el gobernador del estado de Guanajuato, Juan Manuel Oliva, pero tampoco obtuvieron una respuesta satisfactoria. Sin amilanarse, una delegación se desplazó a la Ciudad de México y a un estado vecino, San Luis Potosí, para exigir respuestas. Sin embargo, las autoridades de esos estados tampoco estuvieron dispuestas a comprometerse con el caso.

A seis años de los hechos las familias ni siquiera han recibido el apoyo económico que la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) tiene la obligación de otorgarles. Aunque los representantes de dicha institución ya han organizado reuniones con ellos, no han desembolsado un solo peso para las familias, que han visto cómo se desvanecen sus ingresos en las tareas de búsqueda.

EL CASO DE JOSÉ GARCÍA MORALES

El 1 de abril de 2011, el Ejército Mexicano localizó un grupo de fosas clandestinas en San Fernando, Tamaulipas, en donde fueron encontrados los restos de ciento noventa y tres personas. En respuesta a los hechos, la Procuraduría General de Justicia de Tamaulipas emprendió cuatro indagatorias que eventualmente fueron atraídas por la Procuraduría General de la República en la averiguación previa AP/PGR/SEIDO/UEIS/197/2011.

En acuerdo con las investigaciones, uno de los cuerpos correspondía a José García Morales, que era el encargado de llevar al grupo de migrantes de San Luis de la Paz hasta Camargo. Aunque su identificación se realizó en abril, sus restos fueron entregados a sus familiares nueve meses después. Esa demora, sin embargo, sería sólo una de las tantas irregularidades que tendrían que sortear.  

Cuando la familia de García Morales recibió una llamada de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada -ahora SEIDO- en la que fue notificada respecto a la identificación de los restos, se trasladaron al Instituto de Ciencias Forenses de la Ciudad de México. Luisa, esposa de García Morales, solicitó ver el cuerpo y pidió que se entregara toda la información pericial que permitiera conocer cuál había sido el procedimiento para la identificación de los restos de su marido.

En respuesta, el personal de la PGR y la SEIDO se negó a entregar dicha información y se opuso a que el cuerpo fuera revisados por la señora Luisa*. Ante su insistencia, bloquearon su comunicación con cualquier integrante del Instituto de Ciencias Forenses y le aseguraron que el problema se debía a un “error de dedo” en el certificado de defunción de García Morales: en el documento original se especificaba que la causa de su deceso había sido un traumatismo craneoencefálico, pero en la revisión de los restos el personal se percató de que su cuerpo estaba incompleto, pues le faltaba la cabeza.

La entrega, por tanto, se retrasó tres días. Finalmente los restos de García Morales fueron llevados a su comunidad sin que en ningún momento su familia pudiera verlos, pues el féretro fue custodiado en el trayecto por policías federales y en su funeral por policías municipales, mismos que impidieron que se abriera el ataúd “por razones higiénicas” -un argumento científicamente incorrecto- y a pesar de que sus familiares tenían derecho a revisarlos.

Por todo lo anterior, se realizó una denuncia ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, con el objetivo de reportar las irregularidades del caso. En la misma, se responsabiliza a los entonces funcionarios Guillermo Meneses Vázquez, Gualberto Ramírez Gutiérrez y Rodrigo Archundia Barrientos por los errores ejecutados en el procedimiento, además de por revictimización y amedrentamiento hacia la familia y sus representantes.

En consecuencia, el 10 de abril de 2017 una Comisión Forense especial acudió a San Luis de la Paz para recabar muestras genéticas de la familia de José García Morales, y ocho días después se realizó la exhumación del cuerpo para corroborar su identidad. Gracias a la Fundación para la Justicia y el Estado Democrático de Derecho, que ha dado seguimiento al caso desde el 2011, sabemos que los estudios realizados por el grupo de peritos del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y la PGR confirman que los restos entregados corresponden a José García Morales. La exigencia actual en su caso, por tanto, es la búsqueda y recuperación de su cráneo.

PREGUNTAS SIN RESPUESTA

La principal línea de investigación de la PGR sostiene que los veintidós migrantes fueron entregados al cártel de los Zetas por José Guadalupe Almaguer y José García Morales. Bajo ese supuesto, ambos fueron acusados por el delito de tráfico de inmigrantes y delincuencia organizada, como consta en el acta circunstanciada PGR/SIEDO/UEITMIO/AC/066/2011.

El problema de esta versión de los hechos es que no explica por qué García Morales habría sido asesinado; tampoco se entiende la petición de rescate que realizó Almaguer, ni la razón por la cual sólo han sido encontrado los restos de García Morales, sin que tengamos a la fecha alguna pista del paradero de todos los demás migrantes.

Tal como reporta el sitio MásDe72, el 25 de marzo de 2011 -es decir, cuatro días después de que los veintidós migrantes partieran de San Luis de la Paz- Ómnibus de México interpuso una denuncia ante la PGR por el secuestro de camiones de pasajeros en San Fernando, Tamaulipas. Por esa y otras razones fueron activados los protocolos de búsqueda que resultaron en que el primero de abril fueran localizadas fosas en la zona, que en cifras oficiales, llegarían a cuarenta y siete, con ciento noventa y tres cuerpos en su interior.

En acuerdo con la misma investigación, los secuestros masivos de pasajeros eran una constante en la zona durante ese periodo de tiempo: el 17 de marzo de 2011 fueron raptados treinta y seis migrantes en un autobús que pasaba por Ciudad Miguel Alemán, Tamaulipas; el 24 de marzo fueron bajados y desaparecidos cuarenta y ocho pasajeros que se dirigían de Guanajuato a Reynosa. Luego, el 5 de abril, otro camión, procedente de la Yerbabuena, Querétaro, fue secuestrado con cuarenta y ocho personas a bordo.

¿A qué lógica respondían estos ataque contra migrantes? Aunque con la información disponible no podemos perfilar una conclusión, una de las hipótesis sostiene que los Zetas reclutaron a grupos de personas para que trabajaran para ellos. El perfil de los secuestros es consistente con dicha versión: se trataba de hombres, migrantes, en edad productiva, que viajaban para emplearse, especialmente en Estados Unidos.

Una respuesta complementaria también puede encontrarse en un artículo de 2014 publicado por El Faro -un proyecto periodístico con sede en El Salvador- se recupera la historia de un “coyote” que en 2010 realizó un trayecto de Centroamérica a Estados Unidos para cruzar a un grupo de migrantes al estado de Texas. En acuerdo con los testimonios, el “coyote” se gastó en el camino la cuota que debía pagar a Los Zetas para que los dejaran pasar por los territorios que controlaban, por lo que prefirió abandonar al grupo a sus suerte. La respuesta del cártel fue asesinar a setenta y dos migrantes en el Ejido de La Joya, perteneciente al municipio de San Fernando, Tamaulipas, con el objetivo de mandar un mensaje claro: “el que no paga, no pasa”.

Por ahora, no tenemos más que hipótesis. Lo que sugieren los datos disponibles, en cualquier caso, es que no se trató de eventos aislados, sino de una serie de maniobras sistemáticas realizada en la mismo corredor de Tamaulipas durante un periodo de tiempo que coincide con la lucha entre el cártel de los Zetas y el Cartel del Golfo por controlar los flujos de droga, de personas y de dinero entre México y Estados Unidos.

TESTIMONIOS

MARÍA ÁNGELA :

Mi nombre es María Ángela Juárez Ramírez. Hace seis años que mi esposo desapareció. Él, como muchos, iba en busca el sueño americano. Quería una vida mejor para nuestros hijos y para mí.

R0A8450-Edit.jpg

El 21 de marzo de 2011 mi marido partió rumbo a Estados Unidos. Transcurrieron algunos los días, hasta cumplirse una semana, sin que yo supiera nada de él. Generalmente tardaba un tiempo en comunicarse, así que creí que no había cruzado la frontera todavía y que me llamaría eventualmente. Cuando pasaron quince días sin que tuviera noticias de su paradero, me preocupé mucho.

Antes de que se fuera yo quise saber todo respecto a su viaje. Le pregunté sobre sus acompañantes, para tener un contacto en caso de emergencia. Él me respondió que no tenía conocimiento de quién más intentaría cruzar la frontera con el grupo en el que él se iba. Con el tiempo supe que en ese grupo estaban también dos primos míos, así como algunos vecinos de mi comunidad y conocidos de ranchos vecinos.

Cuando mi esposo se fue, yo tenía cinco meses de embarazo de nuestro cuarto hijo. Por su trabajo, mi marido nunca había podido estar conmigo cuando ellos nacían. Por eso le dije:

“Mejor no te vayas. Espérate a que nazca el niño y ya luego te cruzas. Nuestros otros hijos ya están creciendo; yo siento que ya no voy a poder con ellos: ya ves como se ponen en la adolescencia”.

Pero los compañeros le dijeron que había mucho trabajo y él decidió arriesgarse. Me respondió:

“Es la última vez que me voy. Ya nomás quiero terminar de construir unas escaleras para la casa, ponerle una sombra, para que no cale el sol ni la lluvia, y juntar un dinerito para venir y poner un tallercito de carpintería”.

A él le gustaba mucho la madera. Cada vez que se iba lo hacía con un proyecto y una ilusión, pero está vez…

Al principio fue muy difícil para mis hijos y para mí. La verdad es que yo nunca les oculté nada. Simplemente les dije: “saben qué hijos…ya no supimos nada de su papá”. Cada uno lo asimiló diferente. Al mayor tuve que llevarlo con una psicóloga, porque le afectó mucho. El más chico, en cambio, primero me preguntó:

-“¿Por qué no encuentran a mi papá? ¿Por qué no lo buscan?”.

Y yo le respondí:

“Hijo, nosotros ya fuimos con la policía, ya pusimos denuncias, pero nadie nos dice nada”.

Luego, así de repente, me dijo:

-“Mami, yo quisiera ser Hulk”.

-¿Hulk? ¿Para qué, hijo?

-“Para ir a buscar a mi papi”.

Al principio yo sentía mucho coraje con esas personas. Con el paso del tiempo aprendí a perdonar. Todas las noches, con mis hijos, nos ponemos a rezar. Les digo: “vénganse, vamos a pedir, pero por esas personas que tuvieron que ver con la desaparición de su papá y de los demás muchachos, porque la verdad no saben cuánto dolor causaron”. Yo le pido a Dios que tenga misericordia de ellos, porque aquí podemos hacer y deshacer, pero luego…

Durante dos años y medio estuve trabajando en una fábrica. Me salí de ahí porque era de rolar turnos, muy pesado. Entre el cuidado de mis hijos, las reuniones en la escuela y la búsqueda de mi esposo no me daba la vida. Pensé: “si me enfermo y soy lo único que le queda a mis hijos, pues perjudico más la situación”.

Ahora mejor trabajo en una panadería, ayudando a una señora que me apoya. No es mucho lo que me da -seiscientos cincuenta pesos a la semana- y con eso apenas me alcanza para los uniformes de los niños, sus útiles, sus zapatos, la comida. Como sea, estoy mucho más tranquila ahí y puedo estar más tiempo con mis hijos, que son los que me dan la fuerza para que sigamos exigiéndole a las autoridades.

Los vecinos saben de la situación, pero no se involucran. A veces alguno me pregunta si hemos tenido noticias de nuestros familiares. Otros de plano me comentan: “ya para qué buscan, para qué se desgastan, si todos han de estar muertos”. Pero yo les respondo: “déjenos a nosotros que los sigamos buscando. Como son nuestros familiares, no vamos a parar hasta encontrarlos, así pasen cinco, diez, veinte, treinta años…”.

Mi esposo siempre ha sido un hombre responsable. Yo digo que si pudiera, se comunicaría. Aunque  es difícil, porque los celulares de ese tiempo ya cambiaron, ya no sirven…

El gobierno siempre nos ha fallado. Primero fue Oliva, el gobernador de Guanajuato. Nosotros fuimos a un evento a pedirle apoyo para localizar a nuestros familiares. Él estaba dando su discurso, y yo me arrimé, aunque no dejaban que nos acercáramos. Le dije al de seguridad que sólo quería saludarlo, y me dejó pasar. Cuando lo tuve de frente, me presenté:

“Hola gobernador. Me da gusto conocerlo. Mi nombre es María Ángeles, y sólo quiero pedirle que así como nosotros damos nuestro voto para que tenga un puesto, usted nos ayude a localizar a nuestros familiares”.

Cuando vieron de qué se trataba, la gente alrededor de Oliva me dijo: “no le amargue la comida al gobernador”. Y yo les respondí:“Yo no le estoy amargando la comida y tampoco lo estoy ofendiendo. Simplemente le estoy pidiendo una ayuda para darle agilidad a nuestro caso”. Entonces Oliva me aseguró: “Si, orita las vamos a ayudar, éste compañero las va ayudar…”. La persona que señaló, que trabajaba en el DIF, nos preguntó nuestro nombre, pero ahí quedó todo. No convocó a una reunión, no propuso un plan, nada. Nos dejó así.

Luego la CEAV dijo que nos ayudaría para la alimentación de nuestros hijos. Vinieron, organizaron reuniones, nos hicieron que llenáramos papeles, que nos registráramos, y en marzo se cumplió un año que supuestamente iban a empezar a dar el apoyo, pero nada. No hay rastro de ese dinero.

Ojalá la gente que está en el gobierno se diera cuenta de que no sólo hay que crear más fuentes de empleo, apoyar las empresas y ampliar puentes. Yo veo al presidente firmando reformas: hace reforma de una cosa, luego reforma de otra. Pero, ¿por qué no hizo una reforma de personas desaparecidas? Para mí esa es la prioridad, porque se trata de personas, no de cosas.

El presidente, además, tiene un mandato, y tendría que hacer un grupo especializado en buscar a personas desaparecidas, y que así como hay fondo para desastres naturales, debería de existir un fondo para las catástrofes humanitarias, como lo es tener personas desaparecidas. Que se agoten todos los recursos para buscarlos hasta encontrarlos. 

MARÍA DEL CARMEN:

Cuando salieron para Estados Unidos, José Luis tenía veinticuatro años y Juan Manuel tenía treinta. Ellos ya se habían ido otras veces y habían estado trabajando un tiempo en Texas. José Luis tenía planes: quería hacer su casa para formar una familia con su novia. Juan Manuel, al igual, tenía la intención de juntar su dinero para salir adelante.

R0A8474-Edit-Edit.jpg

Ellos se fueron en una camioneta, con el coyote, porque ya no alcanzaron espacio en el autobús. Se verían con los demás en Monterrey para cruzarse, pero nunca volvieron a comunicarse con nosotras…

Desde que ellos se fueron nos quedamos preocupadas. Uno se come la cabeza pensando si la harán o no, porque esta complicado pasar. Luego de un par de semanas, se empezaron a oír rumores de que los habían secuestrado. Nosotros al principio no lo creíamos: quizá no queríamos darnos cuenta de que en México hay mucha corrupción y el dinero es lo que mueve a las personas.

Luego nos empezamos a reunir los familiares para ir a buscarlos a San Fernando, y algunos de los compañeros fueron hasta allá, pero tampoco se supo nada. Fueron muchas personas, para ver si acaso alguno los reconocían, pero no hubo suerte.

Yo sentía una tristeza y una incertidumbre muy grandes de no saber nada. ¡Nada! Pasaban los días y no obteníamos respuesta. Fuimos a San Luis Potosí, a Guanajuato, pero siempre era lo mismo. No nos tomaban en serio. Dejábamos las fotografías de ellos, pero ni así. Nadie nos daba una pista. Desgraciadamente nos tocó sufrir esto, que a nadie se le desea.

Cuando se empezaron a hacer reuniones en el Toreador de Enmedio -un ranchito en donde están otros compañeros desaparecidos- yo y mi hija nos fuimos uniendo al grupo. De los que emepezamos algunos ya no participan, porque ha pasado mucho tiempo.

No saber de ellos me parte el alma. Una nada más está piense y piense cosas que ni siquiera vienen al caso, pero igual las piensa una. Que si están por ahí, si los tienen trabajando, si comerán o no comerán, si vestirán…

Las autoridades nada más hacen que uno se presente ante ellos para pedirles, pero no nos dan una respuesta. Siempre es lo mismo: no hacen nada. A mi me gustaría que en el gobierno se ponga a trabajar, que nos digan donde están. En el peor de los casos, que ya nos los entreguen para que podamos enterrarlos como es debido.

Una se quisiera imaginar que en poco tiempo estaremos con ellos…

LISTA DE LOS VEINTIDÓS


Valentín Alamilla Camacho

Alejandro Castillo Ramírez

Héctor Castillo Salazar

Antonio Coronilla Luna

Gregorio Coronilla Luna

José Luis Duarte Cruz

Juan Manuel Duarte Cruz

José García Morales

Isidro González Coronilla

José Antonio Guerrero López

Fernando Guzmán Ramírez

Samuel Guzmán Castañeda

Miguel Jaramillo Palacios

Mariano Luna Jiménez

José Humberto Morín López

Ángel Padrón Sandoval

Rafael Paz Guerrero

Santos Eloy Peralta Hernández

José Manuel Pérez Guerrero

Miguel Ángel Ramírez Araiza

Juan Manuel Rojas Pérez

Ricardo Salazar Sánchez

CRÉDITOS

Narrativa: César Alan Ruiz Galicia
Fotografías: Annick Donkers
Diseño Web: Francisco Trejo
Imágenes: Jav Ramirez

Notas al pie

  1. Los nombres Karla y Luisa han sido cambiados por razones de seguridad
  2.  Los familiares de las víctimas denunciaron los hechos ante la PGR en la Ciudad de México y lograron que se levantara la averiguación previa PGR/DDF/SPE-XIV/5101/08-09. También realizaron la denuncia en la delegación de la PGR en San Luis Potosí, misma que se consignó  como PGR/SLP/SLP-VIII/098/D/2011. En ambos casos la PGR remitió a los familiares a la Unidad Especializada en Investigación de Tráfico de Menores, Indocumentados y Órganos (UEITMIO) alegando incompetencia.
                – Posteriormente las familias realizaron la denuncia en la UEITMIO de la Procuraduría General de la República, que emitió un acta circunstanciada que se consigna como PGR/SIEDO/UEITMIO/AC/066/2011, misma que entró en vigor a las 20:00 horas del 05 de julio de 2011.
                -A las 09:00 horas del 27 de agosto de 2011, se ordenó la detención de Juan Castillo Salazar, alias “El Piedra”, José García Morales y José Guadalupe Almaguer, alias “El Petaco”, por los delitos de tráfico de indocumentados y delincuencia organizada en agravio de los veintidós migrantes mexicanos. El objetivo del ordenamiento era elevar el acta circunstanciada PGR/SIEDO/UEITMIO/AC/066/2011 al rango de averiguación previa.
                -A las 13:00 horas del 31 de octubre entró en vigor la denuncia PGR/SIEDO/UETMIO/AP/139/2011 en contra de Enrique Aurelio Elizondo Flores, alias “El Árabe”,El Kike”, “Pipiluyo” y “El Cuervo”, asi como Aarón Raúl Rodríguez González, alias “El Pollo Trece” y José Arturo Flores Cavazos, alias “El Paya” por los delitos de delincuencia organizada y privación ilegal de la libertad en la modalidad de secuestro en agravio de José García Morales y José Guadalupe Almaguer García.
                -A las 19:47 horas del 29 de junio de 2012 inició formalmente la averiguación previa AP/PGR/SIEDO/UEITMIO/67/2012, que se dirige a José García Morales, José Guadalupe Almaguer García y quienes resultaran responsables por los delitos de tráfico de indocumentados y delincuencia organizada en agravio de los veintidós migrantes mexicanos. En esta averiguación fueron concentradas todas las anteriores y es ahí donde actualmente se investigan los hechos.
Leer Más: